UN elefante en la habitación
es una expresión metafórica inglesa que hace referencia a una verdad
evidente que es ignorada o pasa inadvertida. También se refieren con
ella a un problema de cuya existencia todo el mundo es consciente, pero
del que nadie se ocupa para evitar un conflicto. En Andalucía, cada cierto tiempo, se conoce un estudio que nos coloca al mismo elefante en mitad de la realidad
de la comunidad autónoma, que la clase política finge no ver,
posiblemente, porque sigue sin tener ni idea de cómo lidiar con el
problema.
La pobreza es un enorme
elefante que recorre de un punto a otro la geografía andaluza. El
Instituto Nacional de Estadística, con datos de 2016 –los últimos
procesados–, nos colocó el paquidermo hace unos días en el mapa de
España y lo grave fue comprobar de nuevo que su ubicación exacta es la
comunidad autónoma andaluza. Nueve de los diez municipios de más de 20.000 habitantes con menos renta media anual están en Andalucía;
si el análisis se amplía a los 15 primeros, 13 son andaluces y
observando los 20 primeros con menos renta, la cifra eleva a 15 los municipios andaluces más pobres del país.
Los datos, con ser elocuentes, son más tristes una vez analizados. Tenemos los municipios más pobres de España;
acumulamos los barrios más pobres de España y, por ello, tenemos la
esperanza de vida más baja de España, ya que hay verdades estadísticas
que resultan tan jodidas como obvias: los ricos viven hasta seis años
más que los pobres en nuestro país. En este ranking nacional de la
vergüenza, el principal problema no es aparecer ahora sino estar
siempre. Y que por mucho que la evidencia demuestra que la realidad de
la comunidad andaluza es hoy día infinitamente mejor que la que teníamos
hace cuatro décadas, no es menos cierto que los diferenciales con otras
regiones de España y de Europa siguen estando muy lejos de la
convergencia. O lo que es lo mismo, en Andalucía la pobreza atrapa más
que en otras zonas más desarrolladas y salir de ella no es que esté
resultando difícil, es que empieza a ser imposible.
Juanma Moreno se felicitaba hace unos días por los datos del paro con el consabido eslogan de que el cambio funciona
Este elefante en la habitación que nadie quiere ver tiene en el drama del paro sus cuernos más afilados. Andalucía no resiste ninguna estadística de empleo, a pesar de que la UE
inundó la región con miles de millones de euros de fondos de formación
para combatirlo. Además de la desvergüenza que supone que parte de ese
dinero tuviera un uso indecente, la realidad ha demostrado que no ha
servido para paliar este déficit estructural del modelo económico
andaluz y que, por tanto, se precisan de otras recetas, de las que
tampoco nadie parece hablar más allá de insistir en el cambio de un
modelo productivo de nunca jamás.
Como todos prefieren ignorar el elefante, la felicidad se fija en las pequeñas mejoras que se introducen en la habitación donde no queremos ver al elefante. Hace unos días se conocieron los datos del paro y Andalucía, con 17.981 desempleados menos, lideró la caída en España.
A los pocos minutos ya se felicitaba por ello el presidente de la
Junta, Juanma Moreno, con el consabido eslogan de que el cambio
funciona. “Queda mucho por hacer, pero los datos nos hacen ver que el
camino es el correcto”, declaró el jefe del ejecutivo andaluz. Lo hacía
igual el PSOE cuando gobernaba. En Andalucía si los datos del paro son buenos es por obra y gracia de las políticas económicas de la Junta;
mientras si son malos es por las que realiza el Gobierno central. Pero
nadie mira nunca al elefante: 761.000 de los algo más de 3.079.000
parados que hay en España son andaluces. O lo que es lo mismo, uno de
cada cuatro.
En el primer mandato de Susana Díaz, cuando sustituyó a
José Antonio Griñán al frente de la Junta de Andalucía, decidió apostar
por la continuidad en la gestión, cuando posiblemente la administración
autonómica estaba necesitada de un buen meneo. Por seguir con el símil,
que ese elefante que nadie quería ver entrara, de una vez por todas,
como un paquidermo en una cacharrería, empujando estanterías obsoletas y
rompiendo cacharros inservibles. No lo hizo y su gestión se fue
agotando poco a poco con una crisis económica que lo resintió todo, y
que provocó recortes en servicios esenciales, como la educación y la sanidad.
Aunque aún llevan poco tiempo, el problema del nuevo ejecutivo es que
ha entrado en el Gobierno fingiendo que tampoco ellos ven al elefante.
El paquidermo, sin embargo, sigue estando en la habitación. Y cada
cierto tiempo nos da un enorme pisotón. El último ha sido este informe
sobre la pobreza.
Decidí escribir este artículo tras esperar unos días
las reacciones de nuestra clase política. Una semana después de hacerse
público ningún dirigente andaluz se ha referido a ello, por lo que sigue
resultando frustrante la insoportable invisibilidad del elefante.
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